Viernes 8:02 de la noche, cuando la gente se prepara para abarrotar la selva de cemento llamada calle y las fieras salvajes que están al acecho en busca su victima, coger su presa y llevarlo hasta su manada presumiendo que lograron una gran hazaña con el sufrimiento ajeno. Este se convertiría en la más profunda de las lágrimas y la mas tétrica de las historias, el día que mas lloré.
Loco yo por ensordecer mis oídos con al música de un ambiente repleto de fieras moviéndose al ritmo de melodías casi todas absurdas y sin coherencia, antes de ello risa y bromas, burlándose de quien pasaba por la calle, buscándole hasta el mas mínimo defecto, ese mismo defecto recayó sobre la caja de cambio del transporte que nos llevaba hasta el lugar ruidoso que ya mencioné.
Dos vueltas girando cual ventilador encendido en su tercera velocidad, vidrios incrustados en nuestros cuerpo como si se tratase de una feria de piercings o peor aun, liquido de color vino tinto regado en el piso, no bebible y sin olor y que en ese momento formaba parte de un improvisado modelo de ropa que todos usábamos, polo con vino, jeans con vino, derramados en esas prendas, ahora inservibles, definitivamente de un solo uso.
Como en un cuento de adas siempre aparece el Caballero montado en su caballo, estos caballeros nuestros trepados en su transportes, con un ruido que hacia presagiar que la fiesta estaba terminando sin comenzar.
Espadas por sierras eléctricas, en ves de dragones fierros retorcidos, y la gente del pueblo se transformaron en estatuas buscando información preguntando y murmurando entre ellos ¿Qué paso?
Los caballeros muy gentiles nos llevaron al castillo, con guardias de vestimenta blanca que se encargaron de curar solo las heridas físicas, pues las psicológicas ya eran incurables.
La imprudencia fue la bruja de este cuento, y sin lugar a dudas el final la favoreció a ella, las victimas ya no necesitan de moraleja, la lección entro con vino y mucho piercing y fue aprendida sin replicas, la realidad aunque duela, es que en esta clase de cuento hay aun mucho vino por derramar.
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